miércoles, 13 de febrero de 2013

Mierda por todos lados

Desde pequeños nos han enseñado a superar unas barreras que otras personas pusieron ahí. Nos han enseñado a ser obedientes, a ser una oveja más del rebaño que se dedica a asentir. Nos explicaron que estamos destinados a ganar dinero, tener una familia, tener hijos, un trabajo... Todo eso. No sabemos ni por qué lo hacemos. ¿Por qué le damos la razón a todo el que cree tenerla? ¿Pensamos lo que realmente pensamos? Y es ahí donde surge la pregunta, ¿hacemos lo que realmente queremos?
Estamos acostumbrados, a eso, a seguir una vida corriente. Nos han inculcado esa idea de que si soñamos despiertos probablemente acabemos mal. Pero, ¿quiénes son los que nos enseñan eso? ¿No serán, por casualidad, personas iguales que nosotros que se creen lo suficientemente inteligentes como para manejarnos a todos? La sociedad nos tacha de prepotentes en cuanto el pequeño ápice de pensamiento propio que no nos han quitado, sale a la luz diciendo que hay que hacer lo que uno quiere y estar confiado. ¿Qué nos causa esto? Que no queramos salir de la zona de confort, esa vida fácil y rutinaria. Querer tener una vida plana, con mucho dinero y sin salirse de los esquemas. Y si alguien quisiera algo diferente, se va a encontrar con varios problemas: Miedo al qué dirán, miedo a fallar, miedo al ridículo. Miedos que son cadenas que te atan a no querer escapar de ese modelo preestablecido.
Hay algo que no tenemos en mente, y es que el dinero no es lo más importante, el dinero es papel, no vale nada. Si haces lo que quieres y te gusta lo que haces, puedes llegar a ser muy bueno en ello. A la hora de elegir nuestro futuro, tenemos que romper lo que está bien visto y lo que está mal visto, no tenemos que conformarnos con ser simplemente alguien más, si no decides tú por ti mismo, alguien acabará decidiendo por ti. Es preferible tener una vida corta llena de cosas que te gusten hacer, que una vida larga y miserable haciendo algo que detestas. Si una persona pasara su vida en busca del dinero como objetivo principal, malgastaría su vida haciendo lo que no le gusta por él. En definitiva, eres libre (al menos un poco), haz lo que quieres y proclama tu humanidad, si no, acabarás por ser eso, un cero a la izquierda.

Desempeñas trabajos que odias para conseguir cosas que no necesitas.

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